El dragón preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 4 años

¿Se debe o se puede jugar a ser Dios, (El Dragón)?

LA MOROCHA

Jugar a ser un dios, pensar en eso, tan al límite de irte para el otro lado. Crear un mundo en medio de la nada, al menos eso nunca suma, al menos eso es un error de cálculo. Así pensaba esa noche Saverio recordando a la morocha que lo había dejado de araca en la puerta del casino. La había conocido en lo de “Charly” el boliche de Tino su amigo de la juventud, esas épocas de rock caliente en el Dock. Tino todavía se siente mal y llora cuando recuerda que Selva su hija mayor perdió eso de oír cuando llegó a la casa en los brazos de Adriana y puso la Fender al palo llorando de emoción tocando esa canción de Hendrix que tanto nos gustaba. Los oìdos de la nena se llenaron de sangre y entonces rompió la guitarra en cuarenta pedazos. Tino y el Dock, el porro y sus dedos largos mientras nosotros escuchábamos como se partía en dos cuando se abrazaba a la viola.

La morocha según él era una especie de diosa que rezaba en japonés y ponía los ojos en blanco mientras recitaba mantras y todas esas macanas que suelen tener las tilingas, colgada del tercer piso de una mezquita embadurnada de histeria y sexo loco mientras contaba verdes con el dedo del poder cósmico.

La miró pasar con sus ojos de gata a eso de las cuatro de la mañana con un perejil que hacía reverencias con las manos juntitas y se dijo –Tano sos un bobo, dejala correr-

Actualización:

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Saludó al turco de la entrada, le puso un cincuenta en la palma y orilló para el matadero. Jugó un split mientras acariciaba el vaso de whisky con un par de rocas mangueadas a la luna mientras el deseo se le hacía añicos.

https://www.youtube.com/watch?v=sxeUnaT016A

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6 respuestas

Calificación
  • hace 4 años
    Respuesta preferida

    Libre interpretación. Ejercicio sin pretensiones de adentrarme en cuestiones teológicas ni esgrimir necesariamente posiciones de lo que desconozco. Subjetividad en inspiración, e improvisación, a modo de respuesta (no sé si la forma pudiera ser un ensayo ficcionado, desconozco):

    "No se debe, es cuanto menos, peligroso. Destruye.

    Poder, se puede, ilusoriamente, pero nunca será mas que un subterfugio que pronto culmina, con estragos entre risas si es un Split virtual, con carne magullada entre pedazos retorcidos de chatarra y vidas cegadas tempranamente si es el triste juego de la compulsión autodestructiva y asesina.

    No se puede crear de la nada, siendo finito y mortal, hasta donde yo creo y entiendo. La genética juega en laboratorios a partir de lo ya creado. Juega a engendrar monstruosidades, y algunos científicos se preguntan si esos seres, conformando una suerte de Ejército Dorado de reserva, son humanos, si tienen alma.

    En algunos lugares, donde la vida no vale nada, como cantaba Pablo Milanés, y donde el retraso y el fanatismo imperan, se sigue jugando a la lapidación. Son años de culturas que quizás no podemos comprender cabalmente desde nuestro punto de vista occidental y pluriobsecuente; lo cierto es que hay imitadores en todos lados. Unos imitan ese juego por la intolerancia y otros, bajo pretexto de que tener un tipo de fe equis, debería bastar, al ser proclamada, -cual varita mágica, post fórmulas o formulario que te da algo así como una investidura de mago- para convertir automáticamente al hablante mortal en infalible santo inquisidor, incapaz de cometer un error o de sentir algo que los dignos de lapidación sí expresan, entre sus quejumbrosas búsquedas de la propia concepción.

    Decir yo creo, o lo contrario, pueden colocarte en la pista de un involuntario circuito a todo o nada, que juegue con destruir algo, por placer, por reflejo en algún espejo de antigua feria inquisitorial. Los justos se autojustifican y aceleran. La regla del perdón, o del borrón y cuenta nueva para los despechos, al fin y al cabo banales, intrascendentes, pierde sentido. Se entrelaza con impiedades, con venganzas heróicas en alguna mente que sigue perdida en el Peloponeso.

    Hay otras clases de juego, con tentáculos seductores. Sólo pueden jugarlo los que se persiguen y persiguen, entre aquelarres disfrazados de inocentes aguas danzantes en un parque idílico donde sólo reina el amor. La realidad pareciera desmentir o poner en duda el concepto. Pero un juego es un juego y ya tiene sus reglas.

    Se Juega a muchas cosas, como a ser algún dios, sin importar las consecuencias y sin Dios. Algunos, entran en el juego por no quedarse atrás, o por moda, o por no ser lastimados, o por simple perversión.

    Los únicos capaces de jugar en serio, como diría F.Nietzsche, "con la inocencia que se tenía de niño al jugar", son precisamente los niños, los locos, los invertebrados del sistema, es decir, los que escapan con su esqueleto a cuesta de la matriz, los aspirantes a artistas... los que sienten el placer en darle forma a alguna clase de figurada inmortalidad -digo, porque una bomba acaba con una inmortal Mona Lisa y más, como se han destruido hace poco obras de arte sumerias y obras de enorme valor arqueológico que contienen simbologías de un pasado común de la humanidad, entre bombardeos y masacres inventadas por algunos que juegan guerras de dioses.

    jugar a alguna clase de mística del pensamiento es convertirse poco a poco en pirqueiros, en osados y aventureros buscadores de pepitas de oro hechas letras o lienzos o esculturas…en los alquimistas que balancean ya no sólo elementos y partículas infinitamente pequeñas en sus interacciones, sino enormes almacenes de energía cósmica.

    Eso de jugar a crear, es como respirar y también como paliar el lado oscuro, tan demonizado como la paradoja de adorar el lado oscuro de la luna hecho arte por Pink Floyd.

    Y quien no tenga un lado oscuro que arroje la primera piedra, y quien pueda dejar de respirar para negarlo, morirá en su mentira.

    Dios, para quienes creen que existe, no es dios. Y un jugador que cae en excesos de venganza, ni siquiera puede imitar a un dios caprichoso de aquél Olimpo o cualquier otro.

    ¿Existe la casualidad? No, ni siquiera para recordar, ni siquiera para lamentar, porque los más crueles verdugos, son los que primero emponzoñan el alma ajena y después se desdicen y acusan. No hay casualidad. Pero tampoco la causalidad newtoniana absoluta. Por el momento, hay posturas irreconciliables. Cuando se corre en vértigo implacable, se dirime por los resultados, a veces inciertos.

    En alguna de las alternas realidades que construimos desde nuestra energía, impactan las demás. Si se nos cruza, en algún punto, la persona que es mejor dejar pasar, hay que dejar pasar.

    Porque permitiendo pasar, se es liberado de entrar en alguna clase de juego que no conviene.

    Ya lo dijo Tino, profeta extinto del Docke! Y eso, no es cobardía, es sabio, pragmáticamente sabio"(sC)

    Un abrazo grande. Y ¡excelente relato! Hay morochas y morochos en todas partes, que pueden dejar en la estacada al más pintao.

    Juegos de la vida, en las vidas. Mejor tomarse unos mates y dejar que siga sonando una buena rola!

    https://www.youtube.com/watch?v=kae0hu6iYOM

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  • hace 4 años

    Se puede jugar, lo que no se puede, es ser.

    Entonces nada de lo pretendido pasa de una 'mise en scène', de un montaje más o menos exitoso a sus fines, pero categóricamente irreal.

    Los dioses de todas las creencias, han sido entes ungidos de atributos sobrehumanos, de los que los humanos estamos despojados. Nuestros dolores de cabeza no paren ateneas, los ladrones no tienen la astucia de Hermes y van a la justicia común, y las guerras de los ares truculentos, sólo los califican como a brutales antihéroes que apestan con la cercanía y la violencia de su hacer.

    Ni el más comedido de los mortales será un proveedor como el Jehovah Jireh, ni un creador semanal de mundos como el Dios judeocristiano, ni un Allah hacia donde miren las mezquitas. Ninguna morocha será diosa más allá de la imaginación de quién la meta en su mente, ni será imprescindible, ni todopoderosa si existe una mínima razón para dilucidar.

    Jugar a ser lo que no se es, siempre es un riesgo grande. Mucho mayor, para quien se toma en serio el juego, y por desacomodamiento de su personalidad termina creyendo que lo lúdico o lo engañoso, son la verdad.

    En el caso de tu texto, el personaje de la pseudodeidad queda desmantelado con unos billetes y una cavilación, o quizás por un instinto protector que la desidealiza ante la evidencia de sus controversias.

    El universo en el que se desarrollan los hechos, la época, el entorno, la música, le dan un encuadre perfecto a ese 'viaje' de alucinaciones y de extravagancias del que son presos los protagonistas.

    Y lo que más me impacta, es el acto de la destrucción de la guitarra, del aditamento de su propio cuerpo. Alguien que es capaz de flagelarse simbólicamente de semejante manera, está atravesando un sufrimiento feroz. Da algo supremo de sí, como un intento de equilibrarse en la desgracia. Me pareció un signo muy elocuente del relato, para mensurar el dolor.

    Muy buena tu puesta y excelentes respuestas, todos enriquecen con su parte.

    La pregunta es fenomenal, podría escribir un año sobre el tema específico!

    Un abrazo grande para vos y más leña para tus fuegos literarios!

  • Darío
    Lv 5
    hace 4 años

    Hey Drag....!! Sobre si se debe o se puede, tal o cual actividad, legal o ilegal, expresa o tacita, cada cual a de masticarla pensarla sopesarla y decidirse, y luego de ejecutada, "hacerse cargo de lo que hizo", y de lo que esa accion puede provocar, a favor o encontra. Jugar a ser Dios es de seres muy audaces o muy estupidos, con la leyenda que se a construido a traves de los milenios de este ente en cuestion; Y llegado el caso de querer imitarlo, se puede ir para un solo lado, y no es precisamente el de la creacion la luz y el camino , sino todo lo contrario, algunos lo intentaron con suerte diversa como ser, Jim Jones en el año /78 en Guyana, David Koresh en Waco - Texas /93 , la Sra. Yiya de Murano en Bs. As. y tambien un vecino de Patricia, el Dr. Barreda quien en un ataque "mistico" dejo el torno de odontologo, tomo la escopeta y mando al cielo a la suegra, la mujer y dos hijas jovencitas. Cada cual a su manera jugaba a ser Dios, o realmente se creia Dios, y tampoco podriamos culparlo ni señalarlo con el indice acusador, por que nadie puede estar en el centro del cerebro de otra persona, y tal vez esos seres en esos momentos estaban convencidos, de buena fe, que eso era lo mejor que podian hacer por esas gentes (victimas). Hay tambien quien hizo mal tratando de hacer el bien, como el caso ( se que es real, me lo contastes hace mil ...) de Tino y la Fender, estoy convencido de que puso al taco el volumen del equipo para que el sonido de la viola llegara hasta el cielo y el Señor lo escuchara, era su forma de agradecerle la hija que le envio, jamas se imagino que los oidos de la pequeña Selva se convertirian en fuentes manando sangre, lo menos que pudo hacer fue partir la guitarra en mil pedazos, cuando la verdadera intencion era desintegrar los largos dedos y la mano tambien, pero eso no podemos compararlo con la morocha ojos de gata, Chau Negrito, te espero en el Charly.- Abrazo pa vos.- DARIO

  • Soniah
    Lv 6
    hace 4 años

    Darío tus relatos siempre son esquisitos llenos de magia, de sabiduría de realidades que se empeñana en mostrar recuerdos de amores que no pudieron ser o fueron y terminaraios, ¡Me encantan!. Creo que no se debe ni se puede jugar a ser Dios, es un riesgo querer llegar al infinito y a la grandeza del ser.

    Un abrazo

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  • hace 4 años

    Desde tiempos inmemoriales la gente juega ese jueguito.

    Por necesidad,por ambición,

    o por idiotas.

    Dicen algunos que eso hacen los artistas.Yo no lo creo.

    Me encantó su escrito (como siempre tiene algo que me conmueve) del que rescato una moraleja...

    "Agua que no has de beber...déjala correr"

    Le mando un abrazo!

  • hace 4 años

    sin dda

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