Anónimo
Anónimo preguntado en Arte y humanidadesLibros y Autores · hace 9 años

¿En Romeo y Julieta ( obra de willam shakespeare ) , en el primer acto - escena 4 ?

Romeo discute con mercucio y pide una antorcha para no bailar... pero el, entra al baile con la antorcha o al final decide q no??? entra con mascara o sin mascara al baile ???

1 respuesta

Calificación
  • hace 9 años
    Respuesta preferida

    ESCENA IV

    Calle

    (ROMEO, MERCUTIO, BENVOLIO y máscaras con teas

    encendidas)

    ROMEO.- ¿Pronunciaremos el discurso que traíamos compuesto, o entraremos

    sin preliminares?

    BENVOLIO.- Nada de rodeos. Para nada nos hace falta un Amorcillo de latón con venda por pañuelo, y con arco, espanta pájaros de doncellas. Para nada

    repetir con el apuntador, en voz medrosa, un prólogo inútil. Mídannos por el

    compás que quieran, y hagamos nosotros unas cuantas mudanzas de baile.

    ROMEO.- Dadme una tea. No quiero bailar. El que está a oscuras necesita luz.

    MERCUTIO.- Nada de eso, Romeo; tienes que bailar.

    ROMEO.- No por cierto. Vosotros lleváis zapatos de baile, y yo estoy como

    tres en un zapato, sin poder moverme.

    MERCUTIO.- Pídele sus alas al Amor, y con ellas te levantarás de la tierra.

    ROMEO.- Sus flechas me han herido de tal modo, que ni siquiera sus plumas

    bastan para levantarme. Me ha atado de tal suerte, que no puedo pasar la raya

    de mis dolores. La pesadumbre me ahoga.

    MERCUTIO.- No has debido cargar con tanto peso al amor, que es muy

    delicado.

    ROMEO.- ¡Delicado el amor! Antes duro y fuerte y punzante como el cardo.

    MERCUTIO.- Si es duro, sé tú duro con él. Si te hiere, hiérele tú, y verás cómo

    se da por vencido. Dadme un antifaz para cubrir mi rostro. ¡Una mascara sobre

    otra máscara!

    BENVOLIO.- Llamad a la puerta, y cuando estemos dentro, cada uno baile

    como pueda.

    ROMEO.- ¡Una antorcha! Yo, imitando la frase de mi abuelo, seré quien lleve

    la luz en esta empresa, porque el gato escaldado huye del agua.

    MERCUTIO.- De noche todos los gatos son pardos, como decía muy bien el

    Condestable. Nosotros te... Si haces esto te salvaremos de tus miras. La luz se

    extingue.

    ROMEO.- No por cierto.

    MERCUTIO.- Mientras andamos en vanas palabras, se gastan las antorchas.

    Entiende tú bien lo que quiero decir.

    ROMEO.- ¿Tienes ganas de entrar en el baile? ¿Crees que eso tiene sentido?

    MERCUTIO.- ¿Y lo dudas?

    ROMEO .- Tuve anoche un sueño.

    MERCUTIO.- Y yo otro esta noche.

    ROMEO.- ¿Y a qué se reduce tu sueño?

    MERCUTIO.- Comprendí la diferencia que hay del sueño a la realidad.

    ROMEO.- En la cama fácilmente se sueña.MERCUTIO.- Sin duda te ha visitado la reina Mab, nodriza de las hadas. Es

    tan pequeña como el ágata que brilla en el anillo de un regidor. Su carroza va

    arrastrada por caballos leves como átomos, y sus radios son patas de tarántula,

    las correas son de gusano de seda, los frenos de rayos de luna: huesos de grillo

    e hilo de araña forman el látigo; y un mosquito de oscura librea, dos veces más

    pequeño que el insecto que la aguja sutil extrae del dedo de ociosa dama, guía

    el espléndido equipaje. Una cáscara de avellana forma el coche elaborado por

    la ardilla, eterna carpintera de las hadas. En ese carro discurre de noche y día

    por cabezas enamoradas, y les hace concebir vanos deseos, y anda por las

    cabezas de los cortesanos, y les inspira vanas cortesías. Corre por los dedos de

    los abogados, y sueñan con procesos. Recorre los labios de las damas, y sueñan

    con besos. Anda por las narices de los pretendientes, y sueñan que han

    alcanzado un empleo. Azota con la punta de un rabo de puerco las orejas del

    cura, produciendo en ellas sabroso cosquilleo, indicio cierto de beneficio o

    canonjía cercana. Se adhiere al cuello del soldado y le hace soñar que vence y

    triunfa de sus enemigos y los degüella con su truculento acero toledano, hasta

    que oyendo los sones del cercano atambor, se despierta sobresaltado, reza un

    padre nuestro, y vuelve a dormirse. La reina Mab es quien enreda de noche las

    crines de los caballos, y enmaraña el pelo de los duendes, e infecta el lecho de

    la cándida virgen, y despierta en ella por primera vez impuros pensamientos.

    ROMEO.- Basta, Mercutio. No prosigas en esa charla impertinente.

    MERCUTIO.- De sueños voy hablando, fantasmas de la imaginación dormida,

    que en su vuelo excede la ligereza de los aires, y es más mudable que el viento.

    BENVOLIO.- Tú sí que estás arrojando vientos y humo por esa boca. Ya nos

    espera la cena, y no es cosa de llegar tarde.

    ROMEO.- Demasiado temprano llegaréis. Témome que las estrellas están de

    mal talante, y que mi mala suerte va a empezarse en este banquete, hasta que

    llegue la negra muerte a cortar esta inútil existencia. Pero en fin, el piloto de mi

    nave sabrá guiarla. Adelante, amigos míos.

    BENVOLIO.- A son de tambores.

    Ahí tienes tu respuesta, saludos.

¿Aún tienes preguntas? Pregunta ahora para obtener respuestas.