Lilas P preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 10 años

¿Vamos de nuevo ? Digamos viñetas psiquicas? eh?

A distancia.

Mario se acomodó la solapa del impermeable y salió a la calle.

Había llovido bastante, pero aún seguía lloviendo. Las luces de los autos se reflejaban en el asfalto. Esto le generaba siempre un estado de ánimo extraño y sensaciones difíciles de comunicar, al menos hasta ahora nunca lo había hecho. Le daba miedo que lo vieran como una persona rara.

Le parecía que los conductores eran seres perfectos, que sabían lo que querían, adónde iban. Los cientos de ventanitas iluminadas le producían la impresión de que cada uno de los habitantes de esas ventanas tenía una vida que tenía sentido. Los imaginaba como seres claros, coherentes, con sus habitaciones con la luz encendida, porque llovía y estaba oscuro. Eso era coherente.

Cuando se paraba en la cola de un teléfono público, y el que estaba adelante suyo hablaba, tenía la impresión de que la persona que estaba del otro lado de la línea, cobraba una dimensión enorme. Era alguien a quien se llamaba. Su opinión importaba.

No podía evitar esos pensamientos. Acudían a él invariablemente cada vez que se presentaban similares situaciones, cuando llovía y miraba las ventanas de los edificios, Cada vez que esperaba en la cola de un teléfono público.

Se paró en la esquina de Paraná y Rivadavia como si estuviera esperando.

Miró hacia el oeste, donde estaba su propia casa. Pensó en su ahora en Susana, ahora su “ex” novia. Ella lo había abandonado. Le dijo que se sentía sola estando con él. Y él se había callado. Todos estamos solos- pensó. Pero a ella no. Sólo se encogió de hombros. “No se puede parar el río con la mano”- balbuceó. Eso se le ocurrió porque se lo escuchaba a su abuelo, cuando la hija menor, su tía, huyó de la casa paterna con su amante.

¿Se pararía ella en esta esquina y diría “la casa de él está allá”? ¿Sufriría porque él estaba lejos? No. Seguro que no. ¿Qué hacía bajo la lluvia, mirando estúpidamente hacia su propia casa?

Algo se había desajustado en él. Se había roto su equilibrio, estaba confuso. Por más que dedicara horas a ordenar la casa-- limpia ahora-- con los CD apilados, los libros agrupados por autor, las plantas en el balcón- la heladera llena para improvisar alguna comida por si venía Susana- . Estaba mal, perdido, como un perro vagabundo extraviado de su dueño.

La lluvia empezó a pegar más fuerte. Caminó por Avenida de Mayo, tomó por Salta y se refugió en un pequeño barcito. Un grupo de gitanos copaba ruidosamente casi todo el salón. Una de las mujeres se reía a carcajadas. Tenía el pelo negro y ondulado, los ojos verde aceituna, los brazos llenos de pulseras y una frente combada y abierta.

El hombre que estaba a su lado --su hombre-- de chaleco blanco, sentado con las piernas abiertas, no la miraba. Se hacía el desentendido, como un patriarca venido a menos. Parecían espontáneos pero no se daba cuenta si esto era así o le parecía a él. ¿Eran libres o el grupo controlaba los movimientos de todos?

Susana le había contado que una vez unas gitanas la habían rodeado completamente en forma de círculo apretado. Ella gritaba, gritaba desesperada. Pero nadie acudió y le robaron todo.

Desde ese momento cuando pensaba en eso, era como que se colgaba, se quedaba congelada. Se quedó con miedo. Ahí está. ¿ Por qué pensaba que Susana era más dura que una roca?. A veces le pasaban cosas. Tenía miedo, por ejemplo. .

.

Se cansó de los gitanos, gritaban demasiado. Dejó unos pesos sobre la mesa y salió a la calle. Detuvo el primer taxi que se acercó, y cerró la puerta rápidamente.

- A Retiro—dijo en voz clara. Déjeme en la Terminal de Ómnibus. Donde están los andenes de los micros que van a Mar del Plata.

Se acomodó en un asiento de la tercera fila, del lado de la ventanilla; el micro iba casi vacío. Uno de los conductores distribuía alfajores en un paquete envuelto en celofán.

Cerró los ojos. Le molestaba sentir mojada la suela de los zapatos.

Trató de pensar en la cara de Susana, era como que estaba perdiendo su imagen.

Ya le pasaría y volvería a recuperar la memoria de sus rasgos. Podía servirse un café, estaría caliente pero demasiado dulce. El jugo sería imposible de tragar.

Le pidió un minuto al chofer, que ya tenía las manos sobre el volante, y bajó corriendo del micro a comprar una botella de agua mineral. Al regresar se chocaba con la gente en el andén, temiendo que no lo esperaran.

Miró por la ventanilla cuando arrancó el ómnibus.

La ciudad, desde la altura por la que transitaban parecía otra, desconocida. Por eso, cuando llegara a Mar del Plata- quizás no iba a llover en Mar del Plata- miraría en dirección a Buenos Aires, para verse desde cuatrocientos kilómetros.

Es la manera en la que la ciencia, por ejemplo, la Astronomía, puede apreciar los planetas :

A distancia- concluyó.

Lilas P

Actualización:

Fe de erratas:

(Línea 5) debe decir "de que lo vieran"

(Línea 19) Debe decir "Pensó en Susana, ahora su “ex” novia. Ella lo había abandonado. Le dijo que se sentía sola estando con él. Y él se había callado. Todos estamos solos- pensó. Pero no le contestó nada . Sólo se encogió de hombros. “No se puede parar el río con la mano”- balbuceó luego"..

5 respuestas

Calificación
  • hace 10 años
    Respuesta preferida

    Qué linda la "viñetita" (chiste interno, ja!)

    Mire Lilas, mire..a ver...ese hombre, ese hombre...yo lo conozco a ese hombre...Ese hombre tiene un mundo interior extenso, su capacidad reflexiva, detallista y escrutadora es puntillosa, roza para mi gusto en el terreno de ser un ser inseguro, a veces, y un ser profundamente observador otras veces. Yo lo entiendo, me molesta entenderlo pero lo entiendo. Me place entenderlo, también, a veces. Está parado observando el mundo, el suceder y el transcurrir muy desde afuera de la escena, está partícipe fisícamente pero no pertenece a la escena emocionalmente, en el sentido que está pero no en primera persona, sino en tercera persona. Está meditando y sacando conclusiones internas, piensa, distingue, clasifica, ordena. Sueña. Se explica situaciones, divaga, ve la vida de los otros como algo más interesante/importante/quichirizante que la de él (gracias me permite inventar palabras, gracias Lilas).

    ---No la detiene a Susana, y claro que no. No sabría cómo. Mira cómo se va Susana, y en su mente relata esa situación. No puede decir palabras, porque están todas en su cabeza, en su mente está sucediendo toda la situación en verdad aparte de en la vida táctil, en su mente está el relator explicando y detallando qué diría o debiera decir el hombre y qué debiera suceder con ella.

    Ahí está todo, por eso la palabra dicha estaría de más.

    ----

    No me van a dar los caracteres, sino, sigo editando y vuelvo al rato.

    ....

    Está de más decir que: leer textos tan ágiles, bien escritos, con las comas y los puntos en su sitio, se agradece infinitamente.

    Volveré si me permite más caracteres.

  • hace 10 años

    Viñeta 'psíquica'...

    Me supera Amplia-Mente (tu mente!)

    Los taxis son divanes ambulatorios para las penas del pasajero.

    Sobre todo cuando van para Retiro o Constitución y el chofer le pregunta a uno "¿se va de viaje, don? ¿por muchos días?" y ahí se rompen las barreras de admiración y empieza el psicoanálisis 'bajo bandera'.

    Los micros también tienen esa aúrea de 'recogimiento', que cuando no te toca el asiento 44 contra la cafetera o los olores del baño (y si no tenés un chico caprichoso ululando cerca), te llevan a un estado de introspección sereno y bastante objetivo.

    Tal vez el alfajor, sea el único signo de realismo, en medio del viaje imaginario que uno hace dentro del viaje verdadero.

    Y también está el tironeo entre las dos ciudades. Las dos casas.

    Uno está decidido a irse hasta que se sube al Rápido o ve llegar la 'luz azul en el camino' de su perspectiva. Pero el aroma a plástico nuevo o a desodorante sobre los asientos desvencijados, son el primer llamado de atención acerca del desarraigo.

    Un comienzo de nostalgia de ida y vuelta. La no tranquilidad del aquí ni del allá.

    Especialmente, cuando hay dos Susanas... La que se borronea y va tomando visos de sacralidad y la que se quedó detrás de una ventana rutinaria y lluviosa.

    La distancia aclara de lejos y oscurece de cerca.

    La ambigüedad puede ser difícil. Pero tembién es un escape perfecto.

    Ni los gitanos te salvan, cuando los dados y las dudas sacan boleto en una terminal

    "Alea jacta est..."

    Esto es muy elevado para mi comprensión analítica, mujer! Pero qué lindo!! Besos!

  • Anónimo
    hace 10 años

    De pronto se sentía perseguido por los recuerdos. Aquellos que nunca le vieron no sabrían su paradero, pero si quedaría su presencia atrás. Indudablemente la sombra del olvido le acompañaría. Así, tomar distancia podría poner una mano en el río y dejarse fluir. En adelante todo saldría bien, conocería otros deseos, otras maneras de no abandonar su suerte y su salud; nuevas sábanas, otras luces y por qué no? Tal vez comenzaría a hacerse merecedor del tiempo.

    Un beso Li.

    Ciao.

  • hace 10 años

    Muy buen cuento que escarba en la intimidad del protagonista.,

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  • hace 4 años

    a mi nada...pero me parece que no es una pregunta objetiva y directa para preguntar en este espacio. Si estás al p e d o dejá que otros pregunten cosas importantes. Sebas =)

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