En estados unidos mueren 45.000 personas por no tener seguro medico sumado al gran abuso de las a?

aseguradoras? y todavía quedaran personas que quieran abolir la la nueva ley de sanidad social? información ANNA GRAU | CORRESPONSAL EN NUEVA YORK Domingo , 28-03-10 Hace sólo unos meses, cuando la refriega por la reforma sanitaria norteamericana ya empezaba a alcanzar temperaturas volcánicas, «The Health... mostrar más aseguradoras? y todavía quedaran personas que quieran abolir la la nueva ley de sanidad social?

información ANNA GRAU | CORRESPONSAL EN NUEVA YORK Domingo , 28-03-10
Hace sólo unos meses, cuando la refriega por la reforma sanitaria norteamericana ya empezaba a alcanzar temperaturas volcánicas, «The Health Insurance Victims Project», una web creada para denunciar casos de atropello por parte de las aseguradoras médicas, daba a la luz este dato: cada año se estarían produciendo en Estados Unidos alrededor de 45.000 muertes de enfermos que habrían podido curarse de estar asegurados. Sólo adultos, sin contar niños.
Eran cifras de la Universidad de Harvard. Los investigadores concluían que los no asegurados tenían un 40 por ciento de posibilidades más de morir por una enfermedad tratable que los asegurados, y que este porcentaje se estaba disparando muy rápidamente, ya que era «sólo» del 25 por ciento en 1993. El máximo nivel de riesgo se concentraría en hombres fumadores o ex fumadores.
Esta información ha existido siempre pero por alguna razón hasta ahora todo el mundo la ignoraba menos unos cuantos obsesos de la reforma médica. De repente, y al calor de la campaña desatada por Barack Obama, parecieron salir de las piedras miles de desgarradores casos e historias reales capaces de poner los pelos de punta. Y de poner a prueba la compasión de una nación.
Fred Holliday tenía 39 años el día en que falleció, el 17 de junio de 2009, coincidiendo con el inicio del debate en el Capitolio de la propuesta de reforma de la Sanidad del Gobierno Obama. Para Fred era «too late» (demasiado tarde), como dicen en Estados Unidos. Estaba sin seguro cuando empezó a sufrir extrañas molestias que incluían sudores nocturnos, fatiga crónica y orinar sangre. No fue al médico porque era muy caro. Cuando al fin encontró un empleo que se lo cubría, descubrieron que padecía cáncer de riñón. Y que este era ya incurable. Su viuda, Regina Holliday, pintó un mural de su marido muriéndose en el hospital en un parking de Washington.
Dramas familiares
Ha habido y hay incontables casos así. Médicos de Massachussets, el único estado de la Unión donde hasta ahora se ha conseguido implantar una especie de seguro público universal, cuentan y no acaban historias de terror que les llevaron a esa lucha. Como el de una joven paciente de cáncer que retrasó y retrasó no sólo el inicio del tratamiento sino el dar la noticia a sus padres porque temía que los gastos de curarla les obligaran a hipotecar la casa. Y así fue, en efecto. Tuvieron que elegir entre la propiedad ganada con muchos años de esfuerzo y la vida de su hija.
Pero a veces los mayores dramas se han producido con seguro. Nataline Sarkisyan tenía 17 años cuando murió -en 2007- porque no llegó a tiempo un trasplante de hígado que su aseguradora, Cigna, se negaba a pagar aferrándose a toda clase de tecnicismos. Hizo falta una manifestación de cien personas para que dieran su brazo a torcer. La joven murió horas después de que Cigna autorizara la operación que ya no tuvo ocasión de producirse. Un trasplante de hígado cuesta entre 100.000 y 400.000 dólares. Sólo en el tercer trimestre del año en que Nataline murió, CIGNA reportó unos beneficios de 298 millones de dólares.
Cambiar las reglas
Seguimos con Cigna. En 2009 otra de sus aseguradas, Dawn Smith, denunciaba que llevaba cuatro años luchando contra esta compañía tanto como contra un tumor cerebral que, aún debilitándola mucho, de momento era tratable. Si se lo querían tratar, claro. De repente se encontró con que, además de los 753 dólares que pagaba cada mes por el seguro, la compañía decidió elevar repentina e unilateralmente su cuota de copago por los medicamentos que le calmaban el dolor. De 10 dólares pasaron a pedirle 1.115 dólares. Así, sin que se les moviera ni una póliza ni una pestaña. Hizo falta que Dawn Smith sacara el caso a la luz pública para que Cigna reconsiderara su decisión.
Y es que uno de los aspectos más vidriosos de esta reforma es la impunidad con que hasta ahora han actuado las aseguradoras médicas. Nadie les impedía cambiar las reglas de juego sobre la marcha y negarse a pagar por enfermedades preexistentes a la contratación del seguro, como le pasó a la mismísima madre de Obama, diagnosticada de cáncer entre dos empleos, y que murió luchando porque le pagaran las facturas y no dejaran en la ruina a sus hijos.
Bien caro les ha acabado saliendo a las aseguradoras aquel abuso.
fuente abc.es
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