¿Conocen a Cachilo, el poeta de los muros?

La palabra de la locura ¿Por qué Cachilo, llamado por los rosarinos “el poeta de los muros”, no fue ni será jamás un artista? ¿Por qué, a pesar de todos los homenajes y reconocimientos (en vida y después de muerto), Cachilo no figurará nunca en ninguna antología poética ni tendrá su espacio entre los... mostrar más La palabra de la locura


¿Por qué Cachilo, llamado por los rosarinos “el poeta de los muros”, no fue ni será jamás un artista? ¿Por qué, a pesar de todos los homenajes y reconocimientos (en vida y después de muerto), Cachilo no figurará nunca en ninguna antología poética ni tendrá su espacio entre los escritores de la ciudad?
Arriesguemos una respuesta: Cachilo escapó a la Institución. No sólo con sus palabras, con sus graffitis cargados de libertad y dignidad. No sólo con su locura, en la cual nuca se amparó. Cachilo fue más lejos, arrancó su propio cuerpo de la Institución. Cachilo se deshizo de su nombre, de su trabajo, de su vida. Dejó de ser un “ciudadano” para ser realmente de la ciudad, de sus calles, de sus paredes, de sus márgenes. Se corrió “del común, de la oferta, el mercado, el comercio” .
La escritura de Cachilo, su letra vívida e incoherente, no es graffiti porque esté escrita en las paredes. Lo es por ser exactamente “otra” que la del escritor, que la del artista. Cachilo no es autor, Cachilo no vende, Cachilo escribe el sinsentido. Es esa “otreidad”, ese no ser, lo que lo lleva a no pertenecer, a estar siempre en ese no-lugar que eligió para habitar.
La escritura de Cachilo (la palabra de la locura), como la poesía, es huella. La huella es ello: incertidumbre, fisura, idilio que traza y se esconde, sentido a construir. Es el reverso en el que el pensamiento se lee como pensamiento. Los trazos que surca su escritura son indicaciones que aluden a la fragilidad que alberga detrás del sentido, son huellas que nos dan cuenta del suelo en que el pensamiento se funda: el sinsentido.
El sinsentido, “ojo del centro abolido”, es la matriz común del pensamiento y de la locura. Cachilo lo supo e inscribió su cuerpo justamente allí, entre una palabra y otra palabra, en el intersticio; allí, donde todas las puertas están abiertas; allí “donde mueren las palabras y empiezan las letras” .

Atenea

Dedicado especialmente a Lilas P y a Violeta, quienes imprudentemente me incitaron a hacer públicas las tonterías que escribo.
Actualizar: Agradezco infinitamente sus comentarios. Me siento muy halagada y, además, emocionada.

¡¡¡Gracias!!!
Actualización 2: Es una clara injusticia la elección de mejor respuesta en este caso. Todos ustedes la merecen.
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