Anónimo
Anónimo preguntado en EducaciónTarea Escolar · hace 1 década

Necesito q un resumen del cuento La espada Dormida!!!?

Necesito un resumen de la espada dormida de Manuel Peyrou

Gracias!!

3 respuestas

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  • Anónimo
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    Manuel Peyrou, escritor argentino, nacido en San Nicolás de los Arroyos, en 1902; muerto en Buenos Aires, en 1974. Autor de La espada dormida, El estruendo de las rosas, La noche rLIBRO: LA ESPADA DORMIDA. AUTOR: MANUEL PEYROU epetida, Las leyes del juego, El árbol de Judas, Acto y ceniza, Se vuelven contra nosotros, Marea de fervor, El hijo rechazado, El crimen de don Magín Casanovas (antología póstuma).

    literarios y un renombre de ensayista que ha traspuesto los límites del país. Pero no es el tipo del escritor común, tal como lo concebimos nosotros. Una de las paradojas de su vida, por ejemplo, es que ha alternado LA ESPADA DORMIDA

    Manuel Peyrou

    Un estado de alarma ante el misterio, un agudo sentido de la realidad de lo invisible y, si se quiere, la íntima certeza de que todo enigma es sólo una provocación de la verdad, pudorosa o tiránica, que quiere probar largamente nuestra voluntad de sacrificio antes de entregarnos sus revelaciones, animan la vida de los místicos y la de los detectives. A veces hasta sus procedimientos se confunden, lo que es una prueba de sus afinidades. La historia está llena de místicos con alma de sabuesos, de hombres que olfateaban la eternidad y buscaban las huellas digitales del Señor en los picaportes o en el cristal de las ventanas; a la inversa, tampoco puede negarse la existencia de detectives dueños de revelaciones sobrenaturales, en cuyos éxtasis policíacos aparece en forma concreta el proceso de un crimen, con detalles y evidencias que serán luego desarrollados a priori, hasta llegar a una verdad idéntica a la revelada. Claro es que todo eso no autoriza a conceder crédito al primer investigador aficionado que ponga los ojos en blanco y hable con unción de las latitudes del misterio, o pretenda ordenar sólo intuitivamente un rompecabezas del género policial. Es conveniente desconfiar de la cultura metafísica de esos pesquisantes.

    Pero la mística del delito ofrece a veces casos concretos. Voy a referirme aquí a uno de ellos. Una intención criminal fue transmitida en forma invisible, casi como una revelación colectiva. Tres hombres, el criminal, la víctima y el investigador, concibieron un crimen en forma simultánea, especulando sobre sus consecuencias y obrando en forma sistemática. Con tanto misterio compartido casi pudieron fundar una religión, pero fueron modestos y se limitaron a escribir dos cartas. La primera, aunque firmada por la presunta víctima, contó en realidad con la colaboración del proyectista del crimen, pues allí aparecen sus intenciones. La segunda es obra de detectives, y fue entregada al correo, con la solución, el día antes del suceso. Reservaré, por supuesto la forma en que llegaron a mi poder y me limitaré a transcribirlas, colaborando al final con unos breves párrafos necesarios al relato.

    “Señor L. Vane.

    Addington House, Londres.

    Querido amigo:

    La lectura de su último libro me ha recordado los tiempos de la universidad, cuando usted no soñaba probablemente con llegar a escritor, ni mucho menos yo a lector habitual de sus obras.

    Paseaba al azar hace días buscando algún libro interesante cuando una vidriera atrajo mi atención. Vi su nombre y un título: “El alfanje de plata. Aunque las historias de misterio no son de mi predilección, he seguido con interés el argumento de su novela, sin negarme al fuerte influjo de esa atmósfera que usted logra alrededor de un nudo que me parece simple, pero efectivo. La historia del collar, la garganta sedosa de la mujer estrangulada, la fría luz nocturna en el jardín, me apasionaron vivamente. El título me parece bueno, pero debo confesarle que no me di cuenta, hasta el final, que se refería a la luna.

    Aunque hace cinco años que dejamos la universidad, he conservado más interés, más viviente curiosidad, por todo lo que concierne a mis antiguos compañeros que por las nuevas gentes que he conocido. Se me ha pasado el tiempo en un soplo, como cuando la soledad nos invita a pensar en el pasado y en el futuro, en muchos casos, o cuando una mujer nos impide pensar en nada. A veces, por contraste, me asalta la idea de que el tiempo no ha pasado de modo alguno y que, doblando la esquina, puedo encontrar a usted y pasear de nuevo por las orillas del Ysis, y saludar de nuevo a Miss Cynthia o a Miss Ellen.

    Ya veo que está usted arqueando las cejas y mascullando un “hum…” dubitativo. —Es que le extraña mi estilo sentimental, sabiendo que está muy lejos de mi costumbre. Sin embargo, me han ocurrido en los últimos tres meses cosas tan extrañas, me encuentro rodeado de una atmósfera tan curiosa de misterio y de atracción a la vez, que no puedo menos que sentirme como el que arregla sus maletas antes de un viaje azaroso.

    Usted ha oído hablar posiblemente del matrimonio Bernard. Él es un hombre severo, encanecido en el estudio de la filología, con vastos conocimientos con su sedentario oficio tiempos de acción y de aventura en varias partes del mundo. Confieso que tenía de su persona una idea errónea: creía que de tal modo vivía dedicado a estudiar la raíz de las palabras que se había olvidado de pronunciarlas al oído de su mujer. No hay tal cosa. Hice el descubrimiento un día en que advertí que era celoso; lo confirmé, después, tratando de penetrar su modalidad. Sin embargo, debe usted saber que, por lo que a mí respecta, esos celos carecen de fundamento. Admiro a Aline con el respeto y la imparcialidad con que se admira, por ejemplo, una obra pictórica: no tengo ningún interés en llevarme el cuadro a casa, o de observarlo a menor distancia de la que permite una visión integral y serena.

    El hecho es que estando en casa de don José del Carrillo, ese ricachón sudamericano, cuyas cenas serían perfectas si no hubiera que escuchar sus opiniones, se inició el tema que ha provocado el conflicto en que me encuentro. Estábamos en la sala de armas. Se la describiré. Ha sido formada en la planta baja, con dos ventanas que dan al jardín, un jardín heteróclito, que no responde a las normas corrientes en nuestro país. No es precisamente un jardin de curé, como decimos aquí. Es algo más pretencioso. Junto a un almendro, por ejemplo, están los rosales, y en el cantero hay un árbol americano, o indio, no sé bien, que parece cubierto por pequeños copos nevados. Observando bien, se nota que es algodón, aunque no estoy seguro de que sea hidrófilo, ni de que sirva para restañar la sangre…

    Ese desatino estilístico, que debe haber sido cometido cuando Carrillo adquirió la propiedad no altera, sin embargo, la belleza del conjunto. Yo me pasé ayer varias horas contemplando el jardín. Nunca me ha parecido más hermoso, nunca la palidez de la mañana primaveral ha acentuado mejor el suave contraste del verde con el rosa, con el morado, y con el viejo musgo de las paredes. Es curioso cómo, en los momentos de peligro, nos asalta un sincero amor a la naturaleza. Puedo decir, como un personaje de novela, que si salgo con vida de este lance no desearé otra cosa en mi existencia que sentarme a contemplar el almendro.

    Pero volvamos al salón. Tiene unos diez metros de largo por cuatro o cinco de ancho. En un rincón hay un billar y una pequeña mesa con sillones. El resto está ocupado por la pedana. Los muros están cubiertos por armas de todas clases y tiempos, pues Carrillo es un coleccionista pacífico de instrumentos guerreros. Pero el sitio de honor está ocupado por la espada de Luis Bernard, famoso duelista que después de numerosos lances dio en obsequiarla al anfitrión, estipulando que la retiraría sólo para realizar el último duelo de su vida. De modo que esa espada duerme ahora un momentáneo y decorativo sueño en la panoplia. Y casi me estremezco al pensar que despertará en el brazo de uno de los esgrimistas más hábiles de Europa…

    Los temas se fueron sucediendo y al final comenzamos a hablar de riesgos y ganancias. Le referiré esta parte del diálogo con la mayor exactitud a fin de que usted trate de comprender los motivos que tuvo Bernard para invitarme a un desafío tan extraño.

    —Las apuestas están en decadencia —dijo Bernard con un aire pontificial que lo hace a veces muy irritante—. Ahora es común ver dos caballeros impasibles esperando que una mosca se pare en tal o cual terrón de azúcar. Esto no es digno, ni para los caballeros ni para la mosca. Antes, los motivos empleados ayudaban a dignificar la apuesta.

    —¿Los motivos empleados? —interrogué.

    —Sí; los motivos importaban riesgo, o el precio de la apuesta eran la vida o el honor, o algo parecido. Por ejemplo, si yo fuera un caballero feudal apostaría a conquistar tal o cual dama y el riesgo sería un lance de vida o muerte…

    En ese momento me miró con cierta insistencia.

    —No es usted felizmente un caballero feudal —contesté, por decir algo—. Por otra parte, si lo fuera tendría que admitir que otros caballeros aplicaran la misma teoría y pretendieran hacer una apuesta sobre su propia mujer.

    Bernard me miró con anhelosa expectativa y reflexionó un instante.

    —Si usted pretende… Si usted piensa que puede existir ese caballero…

    Sólo entonces me di cuenta de que había cometido una indiscreción. Me acordé que justamente en esos días se rumoreaba que la señora Bernard pensaba divorciarse. Lo peor es que se mencionaba mi nombre como la causa de tal decisión. Como usted comprenderá, esto no es más que una habladuría de gente ociosa. Me quedé confundido y vacilante.

    —Si usted piensa que es posible tal apuesta —dijo Bernard, ya con gesto agresivo— estoy dispuesto a concertarla. Usted comprenderá el absurdo de la situación, agravada en lo que a mí respecta por el hecho de que Bernard me observaba como si me considerara culpable de algo. Sin saber cómo, me ruboricé. Usted sabe cómo ocurren esos equívocos. Uno de los circunstantes me mir

  • hace 6 años

    quien es el detective ???

  • hace 1 década

    psssss pon en el buscador google o el q tengas pon resumen de libro o la obr la espada dormida y listo hay t dan barios link o sino hay una pagina q se llama el rincon del bago entras hay y pones el titulo de la obra espero q t sirva y psssss como consejo lee es un poco mejor

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