¿Qué tal esta hermosa poesía anónima?

Romance de la espoesa infiel

Estaba catalinita sentada bajo un laurel,

con los pies en las frescuras

viendo las aguas correr.

En eso pasó un soldado

y lo hizo detener.

Deténgase mi soldado

que una pregunta le haré.

¿Qué mandais gentil señora,

qué me manda su merced?

Para españa es mi partida

¿qué encargo le llevaré?

¿Dígame mi soldadito,

de la guerra viene usted?

¿No lo ha visto a mi marido

por la guerra alguna vaz?

Si lo he visto no me acuerdo,

dígame usted las señas de él.

Mi marido es alto y rubio,

y buen mozo como usted.

Tiene un hablar muy ligero

y un ademán muy cortés.

En la punta de sus espada

lleva señas de marqués.

Por sus señales, señora

su marido muerto es

en la mesa de los dados

lo ha matado un genovés.

Por encargo me ha dejado

que me case con usted.

Que le cuide a sus hijitos

como los cuidaba él.

¡No me lo permita, Dios,

eso se que no lo haré!

Siete años lo he esperado,

y siete lo esperaré.Denme su mail, lo sigo.

3 respuestas

Calificación
  • Anónimo
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    *Feliz Navidad.

    Parecida a esta no?

    LA CASADA INFIEL

    .

    Y que yo me la llevé al río

    creyendo que era mozuela,

    pero tenía marido,

    Fue la noche de Santiago

    y casi por compromiso.

    Se apagaron los faroles

    y se encendieron los grillos.

    En las últimas esquinas

    toqué sus pechos dormidos,

    y se me abrieron de pronto

    como ramos de jacintos.

    El almidón de su enagua

    me sonaba en el oído

    como una pieza de seda

    rasgada por diez cuchillos.

    Sin luz de plata en sus copas

    los árboles han crecido,

    y un horizonte de perros

    ladra muy lejos del río.

    Pasadas las zarzamoras,

    los juncos y los espinos,

    bajo su mata de pelo

    hice un hoyo sobre el limo.

    Yo me quité la corbata.

    Ella se quitó el vestido.

    Yo, el cinturón con revolver.

    Ella, sus cuatro corpiños.

    Ni nardos ni caracolas

    tienen el cutis tan fino,

    ni los cristales con luna

    relumbran con ese brillo.

    Sus muslos se me escapaban

    como peces sorprendidos,

    la mitad llenos de lumbre,

    la mitad llenos de frío.

    Aquella noche corrí

    el mejor de los caminos,

    montado en potra de nácar

    sin bridas y sin estribos.

    No quiero decir, por hombre,

    las cosas que ella me dijo

    la luz del entendimiento

    me hace ser muy comedido.

    Sucia de besos y arena,

    yo me la llevé del río.

    Con el aire se batían

    las espadas de los lirios.

    Me porté como quien soy.

    Como un gitano legítimo.

    Le regalé un costurero

    grande, de raso pajizo,

    y no quise enamorarme

    porque teniendo marido

    me dijo que era mozuela

    cuando la llevaba al río.

  • Anónimo
    hace 1 década

    es tsn dos dos en lo personal no me gustaron lee este poema

    An pasado los dias

    y no puedo evitar mi tristesa

    ¿donde estas?

    ¿que te hice?

    son tantas preguntas

    y tanta la confuciòn

    pero te amo

  • hace 1 década

    Sí, la poesía tradicional tiene un sabor añejo y dulce que siempre me permite imaginar mundos diferentes. Hay pocas cosas tan lindas como leer los romances antiguos y perderse en la imaginación de lo que serían esos juglares cantando adelante de todo un pueblo... Gracias por el recuerdo de esos placeres que tenía medio ignorados.

    La literatura moderna es incluso más hermosa cuando se la lee a la luz de los poemas viejos.

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