Que pensas de la posibilidad de que vengan por el agua en el futuro, así como fueron por el petróleo en Irak?

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  • hace 1 década
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    Sí, también pueden venir por el agua...

    Irak huele a petróleo

    Henri Madelin

    “¿Se puede sostener que el deseo de apoderarse de los yacimientos petrolíferos de Irak sea el único motivo de los norteamericanos en su conflicto?”

    Esto es lo piensa Yves Cochet, ecologista y ex ministro de Medioambiente, quien no parece detenerse en matices al afirmar: “No se debe ir a la guerra porque es una guerra petrolera”.

    Lo que sí es cierto es que el interés por el petróleo es, en general, ocultado por EE.UU. La prensa habla poco acerca de ello. La opinión pública norteamericana apenas está advertida, pues no aceptaría hacer una guerra únicamente por motivos petroleros. El país sigue traumatizado, desde luego, por los atentados del 11 de septiembre. Sus responsables, por lo tanto, quieren demostrar que los crímenes no quedarán impunes por mucho tiempo, incluso si la prueba de los vínculos entre Ben Laden y el Estado iraquí nunca fue realmente suministrada por el Ejecutivo norteamericano. De todas maneras, sin ser sospechado de complicidad con los lobbies petroleros, se puede adelantar que la búsqueda del oro negro iraquí no es la única clave que permite explicar el comportamiento global de los norteamericanos. Los motivos de la entrada en guerra son ante todo políticos (echar a Saddam Hussein) y patrióticos (lavar la afrenta recibida el 11 de septiembre), antes que económicos, incluso a riesgo de decepcionar a analistas demasiado marcados por un rápido entramado marxista, en el que la superestructura política sería el “reflejo” de una infraestructura puramente material. Este artículo pretende sugerir, teniendo en cuenta los datos actuales, el verdadero lugar de la apuesta petrolera en la guerra en Irak.

    El déficit petrolero norteamericano

    El punto de partida de un análisis geo-petrolero de este asunto es reconocer que George Bush y su vicepresidente, Dick Cheney, son “hombres del petróleo”. Históricamente están ligados a Texas, el estado norteamericano en el que se discuten y se negocian los asuntos petroleros en el marco de una geopolítica planetaria. Ahora bien, estos dos señores están preocupados desde hace tiempo por la cuestión recurrente del déficit de aprovisionamiento del oro negro por parte de Estados Unidos.

    Una señal de esto es que, a despecho de las poderosas y activas organizaciones ecologistas, el presidente norteamericano está dispuesto a abrir generosamente Alaska a las compañías petroleras, ya que este nuevo estado contiene abundantes fuentes inexploradas en su subsuelo. Pero la búsqueda y la explotación de este petróleo traen consigo el riesgo de provocar el saqueo de un territorio todavía relativamente protegido. El desastre ecológico sería grande pero acaso de magros resultados. La explotación de petróleo en Alaska en gran escala no aportaría, finalmente, más que un punto suplementario a la producción mundial de petróleo.

    La ecuación de EE.UU. en materia petrolera es, en efecto, preocupante. Se resume en algunas cifras y tiene datos permanentes. Este país es el mayor consumidor de petróleo del planeta a causa de su nivel de vida que lo lleva a aumentar constantemente los deseos de confort personal, a raíz del despilfarro de una energía cuyo precio permanece bajo y que nadie quiere cuestionar. Para los norteamericanos, una suba de impuestos sobre el combustible o un endurecimiento de las normas de consumo para los vehículos nuevos parecen impensables y, por lo tanto, políticamente insostenibles. El costo de utilización del automóvil debe permanecer en un nivel bajo. Los transportes, grandes devoradores de energía, absorben mientras tanto, una cantidad creciente del precioso líquido. Representan el 67% del consumo petrolero del país. Desde sus orígenes, la economía norteamericana siempre fundó su desarrollo sobre este tipo de energía asociándola al carbón, un producto también de bajo precio, pero mucho más destructor de la capa atmosférica, dadas sus emisiones de CO2. Los norteamericanos rehusaron adherir al protocolo de Kyoto, mientras llevan la más pesada responsabilidad mundial en materia de desechos de gases tóxicos, contribuyendo poderosamente al recalentamiento del clima, actualmente comprobado.

    EE.UU. consume 896 millones de barriles de petróleo por año, o sea el 25,5% del consumo mundial. Para apaciguar a este Moloch, el país extrae anualmente de su subsuelo 361 millones de barriles, según las últimas cifras disponibles. Este total corresponde sólo al 10% de la producción mundial. De ahí surge un déficit anual que sobrepasa los 500 millones de barriles, el equivalente de más de cinco veces el total del consumo francés. Y lo que es más preocupante aun: sus reservas no constituyen sino el 2,1% de las reservas mundiales. Este porcentaje aparece muy limitado en vista del consumo actual comparándolo con el de China (2,6%), de Rusia (5,5%), de Irak (10,9%) y, sobre todo, de Arabia Saudita (25,4%) 1.

    Un aprovisionamiento planetario

    A fin de no dilapidar sus reservas y para cubrir las insuficiencias de su producción doméstica, EE.UU. está obligado a buscar petróleo por el mundo entero. Sus compañías petroleras, ricas y poderosas, constituyen lobbies eficaces ante la dirigencia de Washington y llevan una activa política fuera de sus fronteras. Su más hermosa conquista es Arabia Saudita. Emancipándose de los acuerdos de la “línea roja” que debían limitar, entre las dos guerras, su desarrollo, descubrieron y explotaron “El Dorado” saudita 2. A cambio de un aprovisionamiento seguro para su país, EE.UU. se comprometió a garantizarle protección a Arabia Saudita.

    Ciertamente, la dependencia de EE.UU. respecto del petróleo de Medio Oriente no es ya lo que era en tiempos del primer shock petrolero. Arabia Saudita, con la cuarta parte de las reservas mundiales, sigue siendo el mayor proveedor de petróleo bruto de EE.UU., pero su aporte no representa sino el 20% de las importaciones norteamericanas. En consecuencia, Irak, Irán y Kuwait no juegan más que un rol reducido en el consumo estadounidense. La posta ha sido tomada históricamente por América (México, Venezuela, Canadá, Colombia), África (Nigeria, Gabón y, en lo sucesivo, Angola). Europa aporta también su contribución desde Noruega y Gran Bretaña. Hay que notar que África ocupa un lugar cada vez mayor en este aprovisionamiento del mercado estadounidense, a pesar de situaciones políticas inestables (como en Angola). Lo mismo sucede en Colombia, donde las fuerzas especiales norteamericanas van a ayudar al ejército colombiano a proteger de los ataques guerrilleros el oleoducto que lleva anualmente 5 millones de barriles de petróleo hacia las costas del Caribe. EE.UU. no teme enviar sus Gis cuando se trata de apaciguar su ansiedad ante una ruptura del aprovisionamiento. La misma lógica es empleada en Asia central. La guerra en Afganistán permitió a los norteamericanos instalarse en repúblicas inestables de esta región, con el envío de tropas especiales a Georgia, un país agitado, lugar de tránsito privilegiado para llevar el petróleo del mar Caspio hacia las costas turcas.

    Esta ansiedad ante la falta de petróleo explica también la nueva amistad con Rusia. Fue celebrada de múltiples formas y sellada en Houston (Texas), en octubre pasado, entre dirigentes de grandes compañías petroleras de ambos países, bajo el cayado de sus ministros de Economía y de Energía. Rusia es, en efecto, el tercer productor mundial de petróleo, precisamente detrás de EE.UU., y es el segundo exportador mundial. La producción rusa está declinando. Para frenar esta caída, Rusia requiere de la tecnología y de los capitales norteamericanos. Rusia necesita, cada vez más, exportar el oro negro a buen precio para asegurar su desarrollo. Un socio con el poder de EE.UU. es, entonces, bienvenido. Está previsto que el petróleo ruso vaya a engrosar las reservas estratégicas norteamericanas. Como contrapartida, la industria petrolera estadounidense está llamada a establecerse en Siberia, a desarrollar allí la infraestructura y modernizar una explotación envejecida.

    La seguridad del aprovisionamiento parece no tener precio para EE.UU. Pero las realidades económicas no por ello desaparecen. Las inversiones son costosas, especialmente en el mar del Norte. Incluso en el mar Caspio, el costo de producción de un barril oscila entre 7 y 8 dólares, mientras que en Irak es de 70 centavos y en Arabia Saudita es aun menor. Por eso, en materia petrolera, al hablar de costos, Medio Oriente permanece inconmovible. Todo conduce a privilegiar a Arabia Saudita.

    ¿Irak en lugar de Arabia Saudita?

    Pero desde los atentados terroristas del 11 de septiembre las cosas se echaron a perder en las relaciones hasta aquí demasiado cordiales entre Washington y Riyad. El vicepresidente, Dick Cheney, hombre del petróleo, si lo hay, coordina esta nueva estrategia de diversificación de las reservas petroleras. Ésta había empezado antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Pero el shock de estos acontecimientos arrojó una sospecha sobre el fundamentalismo islámico y aceleró poderosamente el proceso en curso. Según Sheik Ahmad Zaki Yamani, antiguo ministro saudita de Petróleo, una ofensiva rápida contra Irak, seguida de una ocupación exitosa del país, permitiría acelerar aun más esta estrategia de colecta planetaria del oro negro 3. Las reservas de Irak son prometedoras ya que exceden el 10% de las reservas mundiales. La producción actual es de 118 millones de barriles. El balance es menor al ofrecido por Arabia Saudita, ya que este régimen corrupto de monarquía absoluta guarda, él solo, la cuarta parte de las reservas mundiales. Es el primer productor mundial con 422 millones de barriles, o sea el 10% de la oferta planetaria. Pero la mano de obra iraquí es de buena calidad, el potencial de desarrollo posible es fuerte y la producción puede subir a 250 millones de barriles. Esto supone grandes inversiones (30.000 millones de dólares), que serían rápidamente recuperadas. Los geólogos consideran que sólo están disponibles el 14% del petróleo norteamericano y el 38% del ruso mientras que el 65% del bruto saudita y, por lo menos, el 80% del iraquí, duermen todavía bajo tierra 4. Pero esto no es sino la versión optimista de las consecuencias de una guerra corta en Irak.

    Escenario-catástrofe

    Si, por el contrario, la duración de la guerra se alargara a causa de resistencias encontradas sobre el terreno, de rivalidades étnicas y religiosas o del gran desorden que acompaña siempre al “día después” de las dictaduras, entonces hay que mirar hacia un escenario catastrófico.

    ¿Qué pasaría en caso de sabotajes de Irak contra sus propios pozos de petróleo o de represalias contra los de Arabia Saudita o los de Kuwait? Se lo ha visto a Saddam Hussein aplicar esta estrategia de la tierra incendiada –si se permite esta expresión imaginaria–, al final de la guerra del Golfo. Eso provocaría una rápida desorganización del mercado, una imposibilidad, para Arabia Saudita, de cubrir a tiempo un déficit renaciente en la producción mundial. Pero puede ser precisamente ése el precio que EE.UU. esté dispuesto a pagar para eliminar “el foco más poderoso del islamismo radical”, localizado en Arabia Saudita. En este lugar pretende llevar a término la lucha contra “el islamismo y su brazo armado terrorista”. Esta estrategia, jamás explicitada como tal en Washington, debe ser llevada a cabo en dos tiempos: distribuir la producción iraquí y aumentar su potencial antes de arreglar el caso saudita, so pena de una desorganización general de los mercados y del desencadenamiento de una crisis económica a nivel planetario. Pero todo esto, que sale de una razón de Estado es, actualmente, objeto de un “silencio de Estado” 5.

    La cuestión de los precios

    La crisis endémica que tiene Venezuela hizo subir recientemente el precio del petróleo en el mercado internacional y contribuyó a debilitar la Organización de los países exportadores de petróleo (OPEP), que provee el 40% de la producción mundial. ¿Qué puede pasar en Irak ante la invasión de EE.UU.?

    Según sea la campaña de corta o de larga duración, según se concrete la redistribución del poder en este país con una calma relativa o en medio de una agitación que dé piedra libre a los terroristas siempre dispuestos a malherir al ocupante, el precio del petróleo en el mercado conocería sobresaltos inquietantes. Si la guerra se hace larga y dura, entonces el precio del bruto, ya alto, podría subir todavía mucho más. Los efectos serían una nueva fuente de depresión económica en la Unión Europea y en Japón, socios de EE.UU. Las víctimas más seguras de este encarecimiento de precios serían, sobre todo, los países pobres de África y de Asia, naciones éstas que penan por hacer despegar una economía ya de por sí exangüe. Son éstos, realmente, los proletarios de nuestro tiempo. Guardan un muy mal recuerdo de la primera crisis petrolera. Porque los países productores del oro negro han contribuido poderosamente al lento estrangulamiento de sus economías y a un endeudamiento catastrófico. Los pobres sufren siempre más que los ricos las consecuencias de las “leyes del mercado”. Éstas no tienen en cuenta las “situaciones especiales” que conciernen, sin embargo, a más de la mitad de la humanidad 6.

    Si, por el contrario, la campaña fuera breve y produjera efectos positivos muy rápidos, los precios caerían a niveles conocidos, y una crisis económica generalizada le sería ahorrada al mundo entero. Pero los rusos, obligados entonces a exportar a precios bajos, lamentarían vivamente el fin del momento eufórico que vive actualmente su industria petrolera, capaz de exportar el precioso oro negro a precios fuertemente remunerativos.

    Las compañías rusas ya han invertido mucho en Irak y Moscú espera recuperar todo o parte de las deudas contraídas por Hussein. Éstas se elevan a más de cinco mil millones de dólares. En cuanto a la compañía francesa Total, que firmó contratos en Irak y encontró muy buenas reservas, se halla en una situación de bloqueo. Cuando llegue el deshielo espera poder participar de la distribución del maná de los yacimientos iraquíes, pero esto no será posible si los norteamericanos se quedan con la exclusividad política y económica del post-Hussein. Nadie es capaz, actualmente, de predecir cuál será el futuro del mundo en el mediano plazo. Y esta incertidumbre no hace sino redoblar la inquietud de cada uno.

    ***

    Resumiendo, la política petrolera norteamericana avanza en los furgones de la guerra. No es el primer motivo, pues la diversificación del aprovisionamiento petrolero de EE.UU. comenzó antes del 11 de septiembre, ni concierne solamente a Medio Oriente. Instalarse en Asia central puede significar, también, ocupar “preventivamente” los yacimientos de un petróleo que China, en pleno crecimiento de su consumo de oro negro, estará necesariamente obligada a buscarlo fuera de sus fronteras nacionales. Pekín conocerá mañana un déficit gigantesco en la balanza de sus necesidades petroleras, y ciertos estrategas norteamericanos piensan que ya es tiempo de enfrentar al nuevo imperialismo petrolero chino, todavía en el limbo.

    Tres países, pues, están en la mira petrolera: Irak, Arabia Saudita y China. Pero el motor de esta búsqueda desenfrenada por toda la tierra, de un oro negro que no es eterno, es el estilo de vida norteamericano que implica el despilfarro generalizado de energía y la inconciencia acumulada en lo que hace al futuro del planeta. (27 de febrero de 2003

    Fuente(s): Texto de études (París). Traducción de Alberto Azzolini. 1. World energy autlook 2002, International Energy Agency, OECD/IEA, 2002. 2. Henry Madelin, Pétrole et politique en Méditarrenee occidentale. A. Collin, 1973.André Nouschi, La France et le pétrole, A. et J. Picard, 2001, 452 páginas. 3. Cf. Le Monde del lunes 31.10.2002. 4. Cf. Les Echos del 13.11.2002. 5. Cf. Les Echos del 18.02.2003. 6. Declaración de las Conferencias Episcopales de África central y del Congo-Brazzaville. Declaración de los obispos del Congo sobre “El petróleo y la misión de la Iglesia en el Congo”, Brazzaville, 10 de junio 2002. Asociación de Conferencias Episcopales de la Región de África central (ACERAC). “La Iglesia y la pobreza en África central: el caso del petróleo”. Malabo, Guinea Ecuatorial, julio 2002.
  • hace 1 década

    inevitable,lamentablemente mientras les sigan regalando nuestras tierras vamos a terminar peor que irak,saludos.

  • Anónimo
    hace 1 década

    Lamentablemente no lo vamos a poder evitar...ya Mr. Topkins compro mucha tierra en la provincia de Corrientes por la ineptitud de sus políticos...

  • Anónimo
    hace 1 década

    Primero deberías informarte bien antes de hablar NADIE fué a Irak por el petroleo

    La primera ley sacada por Paul Breman estipulo que el petroleo de irak no podía usarse para pagos de deudas, solo para la reconstrucción del país.-

    Otra ley del mismo Breman ordeno que las compañias extranjeras podían invertir en todos los rubros menos en el del petroleo que quedaría en manos exclusiva de los iraquies.-

    El petroleo de irak tiene como destino final Europa (En especial francia que no participo en Operacion libertad de Irak)

    Pero te invito a que uses la logica Al inicio de Operacion Libertad de Irak el barril de crudo se vendia a 18 dolares e Irak tenia un estimado en reservas de 80 mil millones de dolares.-

    El primer regalo de EUA a Irak fue de 105 mil millones de dolares, o sea que EUA si se quedaba con todo el petroleo de Irak estaria perdiendo 25 mil millones de dolares.

    En la actualidad esa cuenta continua ya que EUA ya le regalo más de 500 mil millones de dolares.-

    Como ves el versito de que fueron a Irak por petroleo es no solo una mentira sino una estupidez.-

    Si EUA queria quedarse con el petroleo de alguien tendría que haber invadido Venezuela a cuyo ejercito aplastaria en segundos y no enfrentarse al cuarto ejercito más poderoso.

    En cuanto algua vuelvo ainvitarte a que uses la logica:_

    Las reservas petroleras del mundo son segun dicen de 40 años y las de EUA de 120 años.-

    Las reservas de agua dulce son para 300 años.

    O sea que se terminara el petroleo antes que el agua..ahora bien sin petroleo ¿Como se llevaran el agua? En baldes????

    Otro dato: Desalinizar el agua de mar en la actualidad en EUA cuesta un centimo de dolar por litro, realmente crees que van a venir a buscar el agua en el trasero del mundo?

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