El Barrio Campo Azul, en San Salvador de Jujuy, es pequeño, apenas sesenta casas de periodistas y empleados de medios. Calles de tierra arboladas hermosamente de jacarandaes, lapachos amarillos, tilos, serenos, algún alcanforero y varios alejistres.
Es un sitio apacible en donde todos los vecinos nos conocemos, tanto que en Carnaval integramos una comparsa. Hay como mucho respeto y prudencia. Es muy raro que alguien deba protestar por el volumen de la música. Los vecinos comparten fiestas y ni los perros ni los niños se pelean.
El aire es fresco, cinco grados menos que el centro de la ciudad, a sólo diez minutos y abunda la brisa suave. El agua es pura, sin sabor a cloro ni a nada. Varios chalet se decoran con rejas y flores cuidadas. Tenemos todos los servicios, incluídos gas natural y cloacas.
La mayoría no queremos asfalto, porque aumenta el calor, ni mayor vigilancia policial, es un sector semicerrado en donde quizá lo que más haya que cambiar sea la mentalidad algo sectaria de los vecinos, a quienes les cuesta integrarse al entorno de clase popular y de pueblos originarios de la Quebrada, Puna y de Bolivia. Lo normal en mi ciudad.
Quisiera contribuir a crear grupos y eventos culturales. Una biblioteca pública; un salón para dictar talleres artísticos, educativos y de autoayuda, podría mejorar los vínculos internos y con el entorno poblacional. Con eso se disiparía la sensación de que "los periodistas se creen una clase distinta de nosotros", como piensan muchos de los vecinos externos. Servirían los encuentros deportivos.
Fuente (s):
La observación y reflexión sobre los vínculos y las afinidades o contradicciones humanas.
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