Reflexiones del Presbítero Victor Fernandez en la Ceremonia de Conmemoración de la Kristallnacht en la Catedral Metropolitana.
Todos los años nos reunimos para esta conmemoración que es de dolor. La Kristallnacht me ha hecho pensar en estos días en la importancia que tienen los comienzos, cuando algo empieza. La Kristallnacht es un hecho disparador de la Shoá, un hecho que desencadena la dinámica perversa de la Shoá que se fue incubando lentamente. Fue como si de golpe se soltaran todos los demonios. Abierto este camino el poder fuera de control era capaz de cualquier cosa. De hecho, muchos sostienen que la Kristallnacht fue un acto bien pensado, no como fin en sí mismo sino para medir las reacciones, para ver que pasaba. Y para ver si la Shoá podía ser posible. La escasa reacción de la gente les dijo que podían seguir avanzando. Por eso digo que tenemos que darle vasta importancia al comienzo de algo, a los primeros brotes, a las primeras manifestaciones de lo perverso. Cuando algo no se detiene a tiempo llega un momento en que se vuelve humanamente imparable. Y siempre hay algo comenzando en la vida de cada uno de ustedes. En la familia, en el país, siempre hay algo que está empezando, arrancando. Es bueno preguntarse a tiempo ¿qué es lo que estoy gestando yo en este mundo, qué es lo que estoy alimentando, a qué le estoy dando inicio yo en esta tierra, qué estoy haciendo nacer? Y posiblemente, ustedes y yo, todavía estemos a tiempo de revertir alguna dinámica perversa que quiere apoderarse de nuestras vidas. En este sentido creo que es tan importante educarnos cada uno a sí mismo y educar a otros para estar muy atentos a lo s efectos de nuestros actos y de nuestras decisiones. De eso que estamos haciendo y de eso que estamos tolerando. Se trata en el fondo de desarrollar una profunda sensibilidad para reconocer a tiempo cuando nuestros actos están inoculando fuerzas de destrucción y preguntarse a tiempo en el momento justo ¿vale la pena que yo gaste mis energías y mi vida en esto que estoy haciendo?
El Papa Benedicto XVI se detuvo a reflexionar sobre la Noche de los Cristales Rotos y dijo que "la memoria debe servir para que hechos similares no se repitan nunca más". Y para eso es necesario educar a las nuevas generaciones en el respeto reciproco. El segundo punto que quisiera compartir con ustedes en esta noche es que si nos seguimos preguntando nosotros de qué modo hay que vivir para evitar que la Shoá se repita. Siempre aparece la importancia de la integración y del conocimiento mutuo. Y en este punto quiero reconocer que aquí en Buenos Aires hay dos cosas muy important es Hay varias instancias de encuentro de diálogo. Hay muchas. Yo quisiera mencionar especialmente la larga trayectoria del ISER, Instituto Superior de Estudios Religiosos, como un espacio de diálogo y encuentro. Pero también les quiero mencionar algo que nació hace dos años en un Simposio sobre la Shoá que se realizó en Buenos Aires. Se trata de un grupo formado por rabinos, sacerdotes y pastores evangélicos especialistas en las Sagradas Escrituras que nos reunimos periódicamente y ya llevamos dos años a estudiar juntos la Biblia. Estuvimos un año estudiando el Capítulo 3 de las Lamentaciones. Ahora vamos a seguir estudiando los Cánticos del Siervo, del segundo Isaías. En este grupo estamos el Rabino Skorka y yo, además de otros tanto judíos como cristianos. Y lo que yo quiero decir acá es que una cosa es que él y yo nos hagamos presentes ocasionalmente en algún acto para cumplir una formalidad o para no quedar mal y otra es perseverar durante el tiempo estudiand o juntos la palabra de D"S y empecinarnos en seguir haciéndolo juntos en el silencio de un pequeño grupo. Yo creo que eso tiene importancia. Yo podría estudiar la Biblia con otros católicos. El podría estudiarla simplemente con otros rabinos. Pero si la estudiamos juntos es porque yo creo que algo me puede aportar el a mí y porque el cree que algo le puedo aportar yo a él. Y por la tanto a mi la existencia o no de Abraham no me resulta indiferente. Y lo que pasó en la Shoá es que para mucha gente fue indiferente que los judíos siguieran existiendo o desaparecieran. Por eso a mi me parece que estas pequeñas iniciativas y también este encuentro de oración juntos son cosas que van rompiendo la dinámica de la Shoá para que no se repita. Pequeñas acciones que van produciendo grietas en ese grande y terrible muro de la indiferencia y del egoísmo. Y finalmente déjenme que les hable de Jesús. Porque para los cristianos ese rostro humano de Jesús es un llamado a r econocer la dignidad de todo ser humano. Pero resulta que ese rostro de Jesús es bien judío. Y por eso a mi tiene que llamarme a reconocer la inmensa dignidad de cada judío. Eso debería volver intolerable cualquier ataque a un hermano judío. Y eso mismo es lo que vuelve más doloroso que la Shoá haya ocurrido en un país cristiano. Y haya sido tolerada por los cristianos porque parece una profunda infidelidad a las propias c

